La reforma política como se tiene concebida significa un retroceso de la democracia, se centra en la reformulación de un órgano que se responsabilice de las elecciones en el país.
Existen cuestionamientos sobre la creación del ahora Instituto Nacional Electoral, que viene a sustituir al Instituto Federal Electoral.
Lo que voy a decir puede sonar a arcaísmos sobre la reforma electoral y para ello es menester voltear a ver la historia del órgano electoral del país.
La gestación del Instituto Federal Electoral se da a partir del cuestionamiento de la elección del Presidente Salinas de Gortari en 1988, en la cual se recuerda la caída del sistema al entonces Secretario de Gobernación Manuel Bartlet. Las sospechas de una elección sucia se acentuaron con el incendio de la bodega de la Cámara de Diputados en donde la documentación y papelería de esa elección se encontraba resguardada.
En 1990 derivado de reformas a la Constitución en materia electoral se publica el COFIPE, Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, en donde se ordena la creación del Instituto Federal Electoral.
En sus inicios el IFE pareció una copia de la antigua Comisión Federal Electoral, controlado por el Secretario de Gobernación, quien era el Presidente del Consejo General del Instituto y con el tiempo, después de varias reformas, en 1994 se logra la ciudadanización del Instituto. Ciudadanización que sería consolidada con al reforma al COFIPE en 1996.
El IFE, en este proceso de 6 años fue construyendo el pilar de la credibilidad que por mucho tiempo sería el soporte de la institución. Pilar que se fue estructurando con los resultados que derivaron de las elecciones organizadas.
El Instituto, como un órgano autónomo en su gobierno y finanzas fue consolidando un prestigio que le llevó a asesorar a otros países en relación a la organización de sus elecciones.
Sin embargo, a todos debe quedarnos claro que no toda reforma es para bien ni es sinónimo de mejora. Esto quedó demostrado en la reforma electoral de 2007, en la cual debido a un "fortalecimiento de la transparencia y rendición de cuentas" se da al traste con la autonomía del Instituto. Vamos a decirlo con todas sus letras, los partidos políticos PRI y PAN establecen una alianza para determinar el mecanismo de que el Presidente del Instituto no se visualice por encima de los poderes de la Unión. El mecanismo que encontraron fue el fortalecimiento de la transparencia de la institución, que en la practica acabó con la autonomía del Instituto: ahora el Presidente del IFE podía ser despedido por el Congreso si se llegaba a demostrar faltas en la transparencia del manejo de recursos.
Federalismo y descentralización
Este fortalecimiento de la transparencia del Instituto se debió a que en las elecciones del 2000, el Partido Acción Nacional fue multado por el IFE con 545 millones de pesos por el asunto de los Amigos de Fox, en tanto que el Revolucionario Institucional fue multado con mil millones de pesos por el caso del Pemexgate.
La mal llamada reforma política que recientemente se llevó a cabo, vende a los ojos de los ciudadanos, un sólo organismo responsable de llevar a cabo las elecciones que se requieran en todas las Entidades del país y lo mejor de todo a un costo mucho más barato.
El sino de estos tiempos es que los administradores de la política, no estadistas deben darle más importancia a los centavos que a los pesos. Me explico. Sobre el argumento de que era mucho el gasto podría argumentar que de no haber fortalecido la transparencia del Instituto, este podría seguir haciéndose llegar recursos adicionales en beneficio de las arcas de la Nación, además las multas aplicadas a los partidos políticos fortalecían la operación del IFE.
No obstante, los pesos no se encuentran en este apartado. El crimen que cometieron los administradores de la política fue al valor intangible de la credibilidad lograda luego de muchas gestas electorales. La democracia del país era la fortaleza que se tenía.
Pero este valor no era el único. Se estaba logrando un fortalecimiento del federalismo en base a la descentralización de responsabilidades y atribuciones. Apareciendo gobiernos locales cada vez más fuertes y dueños de su desarrollo.
La verdadera discusión de la reforma política se encontraba en otro lado. El número de distritos federales, la erradicación de la representación proporcional. La discusión sobre la reelección de ciertos puestos de elección popular. La duración de los periodos de gobierno. La segunda vuelta en la elección presidencial. El Distrito Federal como el Estado número 33.
Pero no, este remedo de reforma política lo que favorece es un regreso al centralismo en el cual la figura del Presidente de la República se erige como un ente responsable de todo lo bueno y malo que sucede en el país. En un escenario en el que el que órganos como el Congreso y la Suprema Corte de Justicia tienden a convertirse en comparsas del Ejecutivo Federal, no porque así lo quieran, si porque prefieren evitar la responsabilidad que el desarrollo les exige.
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